Lágrimas en la ducha
Otra vez me veo aquí, debajo de la ducha, dejando caer las gotas sobre mi cabeza mientras a boca cerrada lloro, en silencio, porque el día ha sido estresante, lleno de trabajo y gritos.
Se cansa el cuerpo, se cansa la mente, se cansa el alma. Se cansa de sentir que todo te duele, y al mismo tiempo no está, no existe, pero te duele y te cansa y nadie comprende por qué. Sea cual sea el motivo termino aquí…cansada, una vez más.
La mente cansada ya no se acuerda de rutinas inportantes, olvida dónde está la llave de la casa, se olvida de pagar la luz hasta que la cortan a fin de mes, se pierde los detalles, no recuerda el pin de la targeta sim, o donde dejó el mando a distancia. La mente estresada hace despertar al cuerpo cansado, sin ritmo ni ánimos para nada. Lo despierta al sonido de la alarma del móvil y le pone una armadura, para que incluso así herido y cansado, se obligue a ser fuerte. Ese cuerpo de mujer tiene que ser fuerte y valiente porque la sociedad, la familia, el esposo y la naturaleza dicen que así tiene que ser. Ser fuerte no es una ventaja, es una necedidad. Matamos un león por día, desenredamos una madeja por día…y seguimos sonriendo.
Por eso lloro a solas, y derramo mis lágrimas no solo para afuera, sino para adentro, y no porque me falte coraje, sino porque me sobra, y me obliga a parecer impenetrable.
Las mujeres lloramos para aliviar el dolor del alma, lloramos porque a solas podemos ver, lamer y sanar nuestras heridas. Lloramos con nosotras mismas para ser más fuertes, o al menos parecerlo.
Sé fuerte y valiente- me decían-, lástima que no avisaron lo fuerte que necesitaba ser para enfrentarme a este mundo apto solo para guerreras.
No podemos avergonzarnos por hundirnos de vez en cuando, no podemos sentirnos incapaces de llorar por el cansancio acumulado día tras día, ni podemos temer cuando nuestras heridas se enfermen. Llora, porque a veces es necesario llorar para mantener la cordura.
No te preocupes, no te creas menos, porque es seguro que en otras casas existan muchas mujeres como nosotras, en la ducha, con la boca cerrada, llorando en silencio.