Nuestros ancianos
Tiene una casa grande: cuatro cuartos, dos baños, un patio interior. Se sienta en el portal y saca el periódico del día, se pone los espejuelos, revisa las noticias. Está muy limpio y los vecinos aseguran que está bien atendido. Lleva medias blancas y un pijama. Por la tarde le nacen dos manchas de talco como lunares que deja fuera de su camiseta de turno.
Su cuarto tenía vista a la calle y dos ventanales grandes para evitar el calor. Le sobraba espacio para acomodar la cama camera y los muebles. El escaparate estaba en la esquina, ahí organizaba sus recuerdos y guardaba sus ausencias.
Cuando el nieto menor se casó decidieron darle la habitación matrimonial. El no dijo nada. Había criado a ese niño que ya era un hombre. Acomodó sus cosas en el cuartico del final del pasillo, el pequeño. Ahí solo cabe la cama personal, en el closet guardó su ropa. En la pared un viejo cuadro de familia, junto a su esposa, cuando trabajaba en la construcción, cuando dejó la piel en cada bloque de esa… “su casa”.
Cuando ella vivía se comía temprano. Ahora no. La casa está llena de familia, su familia. La comida siempre sale tarde. Antes protestaba, pero un día hasta lo regañaron y le apuntaron con el dedo como se les hace a los niños. Regañarlo a él, al albañil, al joven que levantó cada una de las paredes de esa casa, que los fines de semana se iba a trabajar en el campo hasta quedar exhausto? Pero aquel hombre, aquel mulato grande, fornido, respetable y respetado…ya no existía. Ahora se ponía talco y medias blancas con chancletas, tomaba un montón de pastillas cada pocas horas, y se sentaba en su cuarto, frente a su cuadro de familia, y al fondo la radio y una canción tan vieja como él.
De vez en cuando se le mojan los ojos, pero la vejez no podrá doblegarlo. Al final está limpio, tiene un plato de comida y … “ una familia”. Le dan las pastillas a su hora, lo llevan al médico, pero lo regañan apuntándole con el dedo, pero se siente solo en el cuarto del fondo, pero ya nadie le habla ni le consulta, pero ya no tiene sueños, pero no le preguntan cuánto le duele, en una casa llena de gente…su soledad.
Q bueno q alguien haga este tipo de historias o cuentos, para los amantes de la lectura , muy buena pasión o trabajo , Felicidades!!!
gracias corazón.
Ni historia, ni cuento, eso es un reflejo de la vida real de muchos abuelos, dura y cruel es la verdad, es la vida de aquellos que por su familia lo dieron todo, sacrificaron muchas cosas para el bienestar de sus descendientes y como pago en el mejor de los casos así le retribuyen; otros son más maltratados.
Es cierto. Son cosas que suceden, y muchas veces no los maltratamos a proposito, lo hacemos sin pensar, porque vamos por la vida con la ley del mas fuerte implantada en el cerebro a modo de escudo, porque pensamos que solo nosotros tenemos problemas, y no nos sentamos a valorar que ellos hicieron por nosotros y es nuestro deber retribuirles su sacrificio, no solo viendolo como un deber. Cuando no esten, sera demasiado tarde para agradecerles. gracias por comentar.